Para mí es la ciudad más especial, bella y fascinante del mundo… bueno de lo que yo conozco. Un día de visita no da para conocerla bien, pero basta para emocionarse y maravillarse con los tesoros de su arquitectura, un urbanismo único sobre las aguas y aprender de su apasionante historia.
Nada más llegar en tren a la estación de Santa Lucía, el Vaporetto nos lleva por el Gran Canal hasta la Piazza di San Marco. El día de sol acompaña y se me queda la boca abierta ante tanta belleza. Poco después visitamos el «Sestiere» (Barrio) de San Marcos, donde está lo más famoso de la Ciudad: el Palazzo Ducale, la Basílica y el Campanile, y también numeross «Campi» (plazas) llenas de encanto.
Cruzamos a Dorsoduro, otro de los seis «Sestiere», para pasear por sus calles. Son algo menos señoriales, menos urbanitas quizá, pero con rincones igualmente únicos. De la Accademia a la Punta della Dogana, veremos la barroca iglesia de Santa María della Salute y vistas constantes de postal del resto de la ciudad. Dejamos para el final la subida al «Campanile di San Marco» para alucinar con sus vistas al atardecer. Impresiona al sur la isla con la iglesia de «San Giorgio il Maggiore«, debajo la Basílica y el Palacio Ducal se ven como maquetas desde los 98mtrs de la torre.
Nos quedaba una hora para regresar al tren, y la usamos para patear más y cruzar la ciudad de sur a norte. Llegamos al más famoso de sus puentes, Rialto, lo cruzamos y atravesamos los «Sestiere» (barrios) de Santa Croce y San Polo hasta que dio la hora de subirse de nuevo al tren para dejar atrás un listón muy alto, ¿qué puede superar ahora una visita a Venecia?
Venecia cuenta con aeropuerto a las afueras de la ciudad, no obstante también se puede elegir volar a alguno de los aeropuertos cercanos como Verona o Bolonia y llegar en tren. Ryanair ofrece vuelos baratos a varios aeropuertos del entorno.
El tren te transporta hasta las entrañas de Venecia, la llegada a la estación de Santa Lucía es cuando menos emocionante. Al salir de la estación y ver el Gran Canal, uno no puede substraerse a la emoción de estar viendo algo único, una ciudad sobre las aguas.
Un billete de tren desde Venecia-Mestre cuesta tan solo 1,5€ y constituye una excelente alternativa para dejar el coche en un parking y moverse en transporte público en una saturada Venecia donde el coche no tiene cabida. El tren es sin duda el medio ideal para llegar a Venecia. Un billete de tren desde Padua cuesta 6€ y tarda tan solo 25′, desde Bolonia desde 12,5€ tardando menos de 2hrs, desde Verona se tarda 1h25′ y cuesta 8,85€ (Más info en Trenitalia)
Musei di Piazza San Marco – 16€ – Da acceso al Palazzo Ducale, Museo Correr, Museo Archeologico Nazionale y la Biblioteca Marciana.
Museum Pass – 24€ – Da acceso a los anteriores más los Musei Civici Veneziani (Ca’ Pesaro, Ca’ Rezzonico, Museo di Storia Naturale, Palazzo Mocenigo, Casa di Goldoni, Museo del Vetro en Murano y Museo del Merletto en Burano)
Chorus Pass – 10€ – Da acceso a 15 iglesias monumentales de Venecia. Válido para un año.
Venezia Unica City Pass – 39,90€ – Da acceso a todo lo anterior durante una semana.
Los orígenes de Venecia están relacionados con el desmoronamiento del Imperio Romano de Occidente. Poco después de la división del Imperio Romano, su parte Occidental, sufrió las invasiones bárbaras. Ostrogodos y longobardos, suevos y visigodos, anglos y sajones, o francos invadieron en sucesivas oleadas los territorios de la península Itálica, Hispania, Britannia o la Galia respectivamente. Fruto del declive romano y de la inseguridad y vacío de poder que provocaban unas fronteras permeables, la capital se había trasladado de Roma a Ravenna. Esta última situada en una posición que facilitaba la defensa ante ataques terrestres pues estaba rodeada de terreno pantanoso. Está situada en el delta del Po, en la actual región de Emilia-Romaña.
Por las mismas razones, una diminuta población fundada sobre una laguna, inaccesible por tierra y por tanto segura ante las invasiones, logró cobrar cierto auge y atraer a pobladores del Imperio Occidental que buscaban refugio. Consigo llegaron numerosas familias nobles, pensadores, ingenieros, comerciantes y una larga lista de gentes con capacitaciones que lograron organizarse y crear una ciudad-estado que inició su camino bajo el amparo del Imperio Bizantino, pero que pronto se independizaría para crear su propia red comercial y mirar de tú a tú, al Imperio Romano de Oriente.
En poco más de dos siglos, la ciudad de Venecia había conseguido crear un emporio comercial y extender su zona de influencia por las costas cercanas del Golfo de Venecia hacia Istria y el interior del Véneto. Entre el año 1000 y el 1200 se produce su gran expansión, llegando a vengarse de «su metrópoli» cuando en 1204 protagoniza la Cuarta Cruzada que en lugar de dirigirse a Tierra Santa, utiliza su flota para invadir y saquear Constantinopla, la Capital de Bizancio.
Durante los siglos siguientes, Venecia no hace sino aumentar su influencia comercial y su dominio territorial por todo el Adriático de Venecia a Corfú, y todo el Mediterráneo Oriental, desde el Peloponeso y las islas Cícladas a Creta y Chipre (salvo la insurrecta República de Ragusa -la actual ciudad de Dubrovnik- que permaneció independiente).
Venecia controlaba los intercambios comerciales con Oriente, y se enriquecía enormemente de comerciar con productos de lujo que venían desde China, especias de India y las Molucas, y otros productos de la península Arábiga que pasaban por distintas manos hasta llegar a puertos europeos de la mano de los comerciantes venecianos. De esta época de bonanza que duró cerca de cinco siglos son los emblemáticos palacios que surgieron por toda la ciudad, quintaesencia del lujo, corte y refinamiento en una Europa que a duras penas salía de la penumbra medieval durante el Renacimiento.
Dos grandes amenazas fueron materializándose a partir del siglo XIV/XV. Por un lado la amenaza del Imperio Otomano, que tras las toma de Constantinopla en 1453 fue acrecentando su presión sobre las posesiones venecianas. Y por otro lado la época de descubrimientos que Portugal y Castilla iniciaron con su navegación de ultramar, llegando al a las Indias y al Nuevo Mundo respectivamente, haciendo que el comercio mundial basculase irremediablemente hacia el Atlántico en detrimento del Mediterráneo. Venecia ya no era imprescindible para hacerse con las preciadas especias, o lujosos productos del Lejano Oriente…
Los turcos arrebataron poco a poco las plazas venecianas griegas, Creta cayó en el siglo XVII con batallas que empobrecieron las arcas del estado veneciano hiriéndolo de gravedad. Y los suculentos márgenes comerciales de los que habían disfrutado se iban esfumando a medida que se abrían nuevos mercados y los competidores aumentaban en la Europa Atlántica.
La estocada final llegó en 1797 cuando Napoleón invadió Venecia, aniquilando las instituciones políticas de una Ciudad que había marcado la historia, que no había conocido la Edad Media, que había regido los designios comerciales de todo un continente y que se vio reducida a un títere, primero en manos del Emperador francés y luego bajo el paraguas del Imperio Austríaco que dominó la ciudad hasta su incorporación a la unificada Italia en 1861. Mil años de historia propia se fusionaban ahora compartiendo futuro con la nación trasalpina.
En el siguiente mapa interactivo podrás localizar todos los lugares mencionados en este artículo. Los he ubicado con mucho esmero para que puedas navegar con este mapa para llegar hasta cada uno de ellos.
En Azul: Lugares descritos en este post
En Rojo: Museos recomendados
En Verde: Visitas recomendadas de Iglesias y Arte Sacro
En Amarillo: Localidades de la Laguna de Venecia de interés turístico
El tren llega a la estación terminal de Santa Lucía atravesando un largo puente que atraviesa la laguna hasta las islas sobre las que se levanta Venecia. Bajas del vagón y te diriges al vestíbulo de la estación. ¡Y ahí está! Venecia, y sus canales. La primera impresión sobrecoge, te pone los pelos de punta. Es como de otro mundo, estás viendo el bullicio y ajetreo como en cualquier calle de cualquier ciudad pero aquí, los «coches» se mueven por el agua. Aunque hayas visto mil veces imágenes de Venecia, incluso si ya la has visitado y vuelves, hay pocas sensaciones como la que te da verla por primera vez cuando llegas de nuevo.
Paseo por el Gran Canal en Vaporetto
Nos dirigimos a tomar el Vaporetto, el transporte público marítimo veneciano que une los distintos puntos de la ciudad. El trayecto hasta la plaza de San Marcos (unos 3,5kms) tarda unos 30′ contando con las paradas de rigor. Se trata de un híbrido entre una visita panorámica y un autobús urbano, ya que cumple con las necesidades de transporte interno de la ciudad, pero el precio no es barato, 7,50€ por trayecto. No obstante, sin duda lo vale, porque observar la ciudad desde el Gran Canal, es absolutamente maravilloso.
Los palacios se van sucediendo a uno y otro lado de cada orilla. Todos tienen un aspecto rápidamente identificable, muy particular, muy veneciano en definitiva, pero los hay de diferentes estilos según la época de su construcción.
Los unos en un estilo decididamente gótico, construidos en ladrillo y marcos de ventas y portadas en piedra caliza de Istria, característica por su color super blanco. Los palacios góticos que se conservan fueron construidos principalmente entre los siglos XIII y XV, aunque hay alguno posterior que sigue este estilo, cuando ya los gustos del renacimiento van imponiéndose.
Con el Renacimiento vuelve el arco de medio punto y los frontones clásicos a los palacios. Los palacios renacentistas venecianos se caracterizan por la influencia del gran arquitecto véneto Andrea Palladio, que se inspiró en la arquitectura clásica romana. Corresponden a este estilo los construidos principalmente durante el siglo XVI.
Durante los siglos XVII y XVIII el barroco irrumpe con fuerza, y los más imponentes Palacios Barrocos se asoman al Gran Canal, mostrando su ampulosidad, tamaño, y fachadas imponentes de piedra blanca. Generalmente son los de mayor tamaño, y corresponden a la época de bonanza y riqueza que comienza su lento declive con la paulatina pérdida de las posesiones en el Mediterráneo Oriental a manos del Imperio Otomano, y a la disminución de su importancia en el comercio mundial por la basculación del mismo hacia las rutas comerciales del Océano Atlántico.
La invasión napoleónica en 1797 acabaría con más de mil años de historia independiente de una república que no conoció edades oscuras. Suntuosa, rica, desarrollada, dominó el comercio mundial durante casi un milenio. A partir de entonces, y precisamente por causa de la pérdida de las copiosas fuentes de ingresos que dicho comercio le generaba, el impulso constructor se ralentizó durante el siglo XIX, en el que Venecia perteneció al Imperio Austríaco, y más tarde, a partir de 1861 a una Italia Unificada. Por ello, los ejemplos de arquitectura de estos dos últimos siglos son más bien escasos. Y en cambio, se considera el siglo XVIII, como el siglo de oro del arte y la arquitectura veneciana.
La Plaza de San Marcos
El punto de llegada del Vaporetto es junto a los muelles repletos de góndolas de la plaza de San Marcos. Aquí el esplendor de Venecia llega a su apogeo. Si además el día es soleado, cuando miras a tu alrededor no puedes evitar emocionarte. De un lado el impresionante Palacio Ducal, en el horizonte sobre las aguas de la laguna la imponente iglesia de San Giorgio Maggiore, con su silueta inconfundible y su campanile que reproduce las formas del de la Basílica de San Marcos.
La hermosa Piazza San Marco, uniforme, rectangular pero ligeramente irregular reúne en trono a sí, tres de las visitas más interesantes de la ciudad: por un lado la monumental Basílica construida a partir de 1063 en torno a la tumba del Evangelista cuyos restos fueron traídos desde Alejandría, a su lado el Palazzo Ducale, joya de la arquitectura gótica veneciana, con añadidos renacentistas, y en el centro de la plaza, el famoso Campanile.
La Basílica de San Marcos se puede visitar libremente, solo se paga entrada para los Tesoros (3€) y el espectacular retablo de oro, plata y esmaltes del siglo X, el Pala d’Oro (2€). Es un compendio de estilos que abarcan el dilatado tiempo de construcción del templo, pero en síntesis se puede decir que es una interesante muestra de fusión e influencias entre los estilos arquitectónicos occidentales y orientales.
El Palazzo Ducale (entrada 16€ – pero es válida para todos los museos de la plaza) es la quintaesencia de la representación de la República Serenísima, y visitarlo ayuda a comprender la importancia de las instituciones políticas venecianas. Los aposentos del Dux o Dogo, el máximo mandatario veneciano elegido de por vida entre los oligarcas de las principales familias de la ciudad, son una de las partes más interesantes de la visita. La Sala del Consejo de los Diez, la Sala del Escrutinio, o la de Sala del Gran Consejo, completan las partes más destacables del palacio con funciones específicas de gobierno. El Patio renacentista o la escalera dorada, son otros de los ejemplos de la ampulosidad, belleza y riqueza representativa de la que tenía el Estado.
Puente de Rialto
Tardamos unos diez minutos callejeando y dejándonos sorprender por los rincones románticos que encontramos por el camino para llegar al centro comercial de Venecia. Aquí donde todo empezó. El Puente de Rialto es una hermosa construcción (1591) de un solo arco de 28mts que debía permitir el paso de una galera de guerra bajo su vano. Substituyó a los sucesivos puentes de madera que había unido ambas orillas del «ribo alto» desde 1175.
A su alrededor hay multitud de restaurantes, tiendas y muchísimo movimiento. Resulta muy entretenido sentarse a comer o tomar un café y observar el incesante tráfico de góndolas, vaporettos y barcos surcando el Gran Canal, o habitantes y turistas. Nosotros elegimos un sitio tradicional para comer, un lugar escogido día a día por los propios venecianos para restaurarse en una de las callejuelas adyacentes. (Ver «Dónde Comer»)
Sestier San Marco
La ciudad de Venecia se divide en seis unidades administrativas denominadas «Sestiere» (San Marco, San Polo, Santa Croce, Castello, Dorsoduro y Cannaregio). Cada uno tenía su propia administración, su personalidad, sus propias celebraciones, sus cofradías o hermandades (Scuole) y sus propios representantes ante el Consejo de la Ciudad.
La vida de los sestiere se desarrollaba en torno a las plazas (Campi), que se abrían entre el laberinto de callejuelas y canales (Rii). Atravesando el Sestier di San Marco desde Rialto hasta el Puente de la Accademia, pasaremos por una serie de plazas, de canales escondidos e iremos descubriendo perspectivas escondidas de algunos de sus monumentos más importantes.
El Campo Sant’Angelo (Sant’Anzolo en veneciano), uno de los más grandes, se aprecia la tranquilidad y sosiego de estos rincones rodeados de palacios e iglesias monumentales. Es llamativo desde aquí la vista del campanario inclinado de la iglesia de Santo Estefano.
Un poco más adelante, el Campo Santo Estefano, sorprende por su longitud. Es un lugar apreciado por los venecianos para el paseo. Hay muy buenas heladerías y cafés, y sus inmuebles palaciegos albergan numerosas colecciones de arte y exposiciones permanentes. El extremo de esta plaza nos deja prácticamente en el Ponte dell’Accademia, desde el que se tiene una de las mejores vistas del trazado final del Gran Canal antes de desembocar en la plaza de San Marcos. Cruzaremos el puente para visitar el barrio de Dorsoduro.
Dorsoduro
Pasaremos por delante de una de las pinacotecas más prestigiosas del mundo, la Galleria dell’Accademia. Queda apuntado para otra visita a Venecia. Los canales y callejuelas son mucho más tranquilos aquí. Las casas son menos altas, quizá menos ampulosas, pero siguen siendo rabiosamente elegantes sus fachadas, y románticos (incluso más) sus rincones y canales. Se respira quietud y tranquilidad, y salvo en el itinerario principal que lleva turistas desde el puente a la Punta della Dogana, el resto de calles parecen sumidas en un plácido letargo.
La extensísima lista de riquezas patrimoniales de la ciudad de Venecia, hace que sea inviable mantener en perfecto estado tal relación de edificios y monumentos. Por tal motivo, algunos palacios han sido cedidos a instituciones y fundaciones internacionales que a menudo han escogido dichas sedes para exponer sus colecciones de arte. Es una forma de compartir los costes de manutención que a la vez enriquece a la ciudad con una nutridísima oferta cultural. Entre ellas, es precisamente en Dorsoduro donde tiene su sede la Fundación Peggy Guggenheim.
Antes de culminar nuestro paseo en la Punta della Dogana, la devoción católica se abre sitio de forma monumental en la barroca iglesia de Santa María de la Salute. Fruto de una cuestación popular para dar gracias al señor por evitar la peste de 1630, los venecianos erigieron este templo octogonal a la entrada del Gran Canal. Tiene una altura más que considerable, lo que le hace visible desde muchos rincones de la ciudad.
Desde la Punta della Dogana, y después de admirar las vistas panorámicas de 360º que abarcan desde el Gran Canal y la plaza de San Marcos a la isla de San Giorgio y su destacada iglesia y hacia el sur el Canal de la Giudecca, decidimos volver a nuestro punto de partida en la estación ferroviaria de Santa Lucía para terminar nuestra inolvidable visita.
Subida al Campanile de San Marcos
Como colofón a nuestra visita de un día a Venecia, no hay mejor manera de despedirse de la ciudad que observarla desde las alturas.
La Ciudad de Venecia se muestra en todo su esplendor desde el aire. Observar la ciudad de los canales desde las alturas, nos hace entender cuán única es su estructura urbana edificada sobre una laguna. Lo asombroso de su trazado surcado por cursos de agua acentúa si cabe, la majestuosa monumentalidad. La increíble homogeneidad de su paisaje hace destacar el color rojo de sus tejados frente al azul intenso de la laguna que lo rodea en un día soleado. Todo ello salpicado aquí y allá de altas torres, y un conjunto de grandes iglesias que decoran el maravilloso paisaje.
Para ver las fotos desde lo alto del Campanile sigue este enlace: Venecia a vista de pájaro.